"El mundo se halla en una corriente eterna: todo fluye, todo perpetuamente cambia, no se puede entrar dos veces en el mismo río." 

Heráclito

Los paisajes fueron por mucho tiempo el tema preferido en mis composiciones. Ellos reflejaban experiencias de viajes tanto reales como imaginarios. Tal vez por haber nacido en Mar del Plata y haber vivido mi niñez y adolescencia en el Tigre, el agua tuvo fuerte presencia en esos paisajes.

 

La fotografía ha acompañado mis producciones tanto como modelo como “por la posibilidad de captar – olvidándome de mi mismo - en una fracción de segundo, la emoción que el tema desprende y la belleza de la forma” según palabras de Cartier Bresson que comparto.

 

Luego de un viaje a la Ciudad de Venecia esos paisajes se transformaron.


La obra comenzó a enfocarse en aquello que se contorsiona sobre la superficie del agua al tiempo que esta no se deja ver en esencia. En su constante movimiento sostiene la imagen de aquello que se refleja y la transforma en una singular abstracción.
 

El color es el principal protagonista de estas experiencias y prácticamente lo único que vemos. Algunas veces, explotando y desplegándose en mil formas caóticas que interpelan al espectador. Otras, despojándose tímidamente de su cromatismo hasta convertirse en sutiles (caprichosas) formas en escala de grises.

 

Me atrae profundamente focalizar la mirada sobre la superficie del agua y observar los efectos de la luz y los objetos que al espejarse en ella crean un mundo colorido y zigzagueante que ejerce un efecto casi hipnótico. Al mismo tiempo me desafía a descubrir aquello que se esconde bajo la superficie.

En cada pincelada vivencio el fluir del elemento vital, que me acuna con esa fuerza que parece llegar desde lo profundo, y revivo la sensación de bienestar y la calma que me produce la contemplación de la naturaleza en su coquetear con las producciones del ser humano.

En las obras más recientes el negro tomó el lugar de los colores. Aplicado con gruesas pinceladas dio a la superficie textura y opacidad. Esa opacidad que pareció por momentos, cubrirlo todo. Nuestros corazones y nuestros sueños. La humanidad se estremeció…y, tal vez como reflejo de ello, el agua de las pinturas se volvió lenta y oscura, también triste.

Sin embargo, tímidamente, como empujada por la fuerza de la vida que llega de lo profundo suaves ondulaciones asoman entre las múltiples texturas de la pintura sobre el fondo espejado. Captan la luz y hacen que la imagen brille y parezca moverse. Alternan con sombras y reflejos iluminando el conjunto que, como en una danza, acompañan al espectador en su recorrido, al contemplar la obra.

Fluye, lentamente, todo fluye…

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